Los próximos 30 años apenas comienzan


UN AÑO ATRÁS
Hace un año, cuando recién llegaba como rector a la Institución Educativa GABO, escribí sobre nuestra institución estas palabras:
"Un par de jóvenes inquietas de la Cartago de los años 90 y en medio de conversaciones que parecían más discursos de la utopía, tomaron la decisión de partir en dos la historia de la educación de la ciudad. Para lograrlo tuvieron que poner de acuerdo dos consejos directivos, lidiar con los apegos y las tradiciones de dos comunidades educativas diferentes que ellas presidían; lidiar también con los celos de las jefaturas educativas y moverse a través de los pantanos de los pensamientos negativos de los que apostaban que no podrían lograrlo.
Su tenacidad convirtió sus sueños en realidades, la ficción dejó de ser tal y la utopía perdió su estigma de inalcanzable. Así nació el Centro de educación básica GABO, un 4 de octubre de 1996 gracias a ese par de jóvenes inquietas de Cartago: Martha Lucía y María Oneida.
Su legado se ha engrandecido con el aporte de todos los aquí presentes y con el de todos los que hicieron parte de nuestra familia y que ya no nos acompañan. Y desde este legado, no podemos desconocer las historias previas y posteriores al Centro de Educación Básica GABO que han configurado el nombre que hoy nos llena de orgullo pronunciar como Institución Educativa GABO".
(…) Honramos los 70 años de la sede Manuel Antonio Bonilla, los 64 años de la sede Gabriela Mistral y los 21 años que lleva acompañándonos nuestra hermanita menor, la sede María Inmaculada”.
(…) Hoy escribo para agradecer, para recordar, y para renovar nuestro compromiso con una institución que no solo educa, sino que transforma. Gabo cumple 30 años, y en cada uno de ellos ha sembrado huellas de amor, de excelencia, de humanidad.
“Esta institución nació del sueño de formar seres íntegros, capaces de pensar, de sentir y de construir juntos un mundo mejor. Y ese sueño sigue vivo. Lo vemos en cada maestro que enseña con pasión, en cada estudiante que se atreve a crecer, en cada familia que acompaña con fe y esperanza.
GABO es más que un nombre. Es un símbolo de identidad, de comunidad, de historia compartida. Es el lugar donde muchos han encontrado su voz, su propósito, su segundo hogar. Aquí se han tejido amistades, se han superado desafíos, se han celebrado logros que nos llenan de orgullo.
Hoy, al mirar hacia atrás, vemos una institución que ha crecido en el amor. Que ha sabido adaptarse, reinventarse, y mantenerse fiel a sus valores. Y al mirar hacia adelante, vemos un futuro lleno de posibilidades, de nuevos proyectos, de más vidas por tocar.
Gracias a todos los que han hecho parte de este camino. A quienes estuvieron en los primeros pasos, a quienes hoy lo recorren con entrega, y a quienes vendrán a continuar esta misión.
Gabo florece. Gabo inspira. Gabo permanece.”
LOS PRÓXIMOS 30 AÑOS

El mundo en el que nació la GABO ya no existe. Los retos son nuevos y exigen cambios profundos, incluso radicales, que nos permitan recuperar y fortalecer nuestra esencia institucional: la formación de seres humanos.
En 2027 regresarán las Semillas de Amor, la Lunada y las jornadas de vacunación. A estas iniciativas se sumará el proyecto PRISMA+V, que, a través de imágenes y reflexiones diarias, permitirá fortalecer la formación socioemocional y articular nuestros diferentes proyectos transversales. Conseguir que nuestros entornos escolares sean espacios de bienestar, de cuidado de la salud mental y de formación de excelentes seres humanos debe ser una de nuestras grandes prioridades.

Para quienes han percibido a la GABO como una institución de alta rigurosidad académica, debo manifestarles que esa marca diferencial, lejos de perder vigencia, debe seguir siendo una prioridad y, sobre todo, una convicción institucional incuestionable.
Promover o aprobar a estudiantes que no atienden las clases, que no cumplen con sus deberes o que no asisten regularmente al colegio es absolutamente inaceptable. Cuando la escuela renuncia a su responsabilidad de enseñar, de exigir y de acompañar el aprendizaje, corre el riesgo de convertirse en un espacio de simple permanencia, en lugar de ser un verdadero escenario de formación.
Por ello, todos los padres de familia y estudiantes que ingresen a la GABO deben saber que, además de la formación en lo humano, la dimensión académica es fundamental.
De poco nos sirve formar un buen ser humano que carezca de las herramientas, competencias y certezas necesarias para reconocer su vocación y realizar aportes significativos a la sociedad. No podemos poner en riesgo la responsabilidad social que tenemos frente al desarrollo de las potencialidades de cada uno de nuestros estudiantes, esas mismas que exploramos, entre otros caminos, a través del reconocimiento de sus inteligencias múltiples.
Obtener resultados sobresalientes en las Pruebas Saber 11 no es un capricho ni una expresión de ego institucional. Esas valoraciones nos proporcionan información relevante sobre determinadas competencias y nos permiten identificar fortalezas y oportunidades de mejoramiento que pueden contribuir a que nuestros estudiantes se conozcan, descubran sus posibilidades y elijan caminos desde los cuales, en el futuro, puedan realizar aportes decididos a las humanidades, la ciencia y la tecnología.
Estos tres campos contribuyen de manera decisiva a la transformación de la sociedad y a la construcción de mejores condiciones de vida. Por supuesto, la carencia de determinadas competencias puede reducir significativamente las posibilidades de cada estudiante, de su proyecto de vida y, en una dimensión más amplia, del futuro de Colombia.
Para conseguir lo anterior, y teniendo en cuenta las transformaciones de nuestro mundo en 2026, debemos asumir también cambios importantes en las dinámicas del aula.
Necesitamos revisar seriamente y, hasta prohibir, el uso de dispositivos electrónicos durante las actividades pedagógicas; reducir de manera significativa las tareas que pueden ser fácilmente sustituidas por herramientas de inteligencia artificial; y fortalecer una didáctica capaz de cautivar la atención, despertar la curiosidad y comprometer intelectualmente a nuestros estudiantes, con el propósito de favorecer la comprensión y el aprendizaje.
La irrupción de los dispositivos digitales y, más recientemente, de la inteligencia artificial, está transformando las maneras de aprender, de relacionarnos con el conocimiento y de desarrollar determinadas capacidades cognitivas. Tenemos la obligación moral de actuar frente a esta transformación, no desde el miedo a la tecnología, sino desde la responsabilidad pedagógica de garantizar que nuestros estudiantes sigan siendo protagonistas de sus propios procesos de pensamiento y aprendizaje.
No podemos darnos el lujo de evaluar sin realmente evaluar.
La evaluación es un proceso sistemático, continuo y formativo de comprensión y valoración del aprendizaje, que se realiza a partir de evidencias de desempeño y en relación con las competencias y los referentes curriculares, para reconocer lo que los estudiantes saben, comprenden y son capaces de hacer; identificar sus avances, dificultades y necesidades; y orientar decisiones pedagógicas que favorezcan su desarrollo integral.
Integrar a la evaluación actividades desarticuladas de estos propósitos constituye un error que no podemos darnos el lujo de validar.
Evaluar no puede reducirse a poner una nota. Evaluar significa comprender el aprendizaje para poder transformarlo.
Nada de lo anterior —ni la formación en lo humano ni la rigurosidad académica— puede ser posible sin ajustar, de manera decidida, clara y oportuna, nuestra concepción y nuestras prácticas de convivencia escolar.
Detalles que pueden parecer pequeños, como permitir la repetición sin control de situaciones de tipo I o tolerar el uso de buzos negros cuando el Manual de Convivencia establece que deben ser blancos, pueden parecer asuntos superficiales. Sin embargo, también pueden constituirse en expresiones simbólicas de una oposición progresiva a las normas institucionales.
Las normas no existen para limitar la libertad, sino para hacer posible la convivencia. Cuando una comunidad comienza a relativizar sistemáticamente sus propias reglas, termina debilitando aquello que la mantiene unida.
Por eso, debemos recuperar una cultura institucional en la que las normas sean conocidas, comprendidas, respetadas y aplicadas con sentido pedagógico, proporcionalidad y coherencia.
No podemos darnos el lujo de construir una institución en la que falte liderazgo.
El liderazgo debe estar presente desde la rectoría, las coordinaciones, la orientación escolar, la docencia de apoyo a las necesidades educativas especiales y la tutoría del PTAFI. Pero también debe expresarse en cada una de las personas que hacen parte de esta comunidad.
Los compañeros administrativos, el personal de servicios generales, los celadores, los concesionarios y los contratistas también son parte fundamental de la institución y deben procurar siempre hacer lo mejor.
Porque hay una idea que quisiera que se convierta en una convicción colectiva:
“Hacer siempre lo mejor siempre será lo mejor”.
Todos los cambios que han comenzado a darse, y aquellos que serán mucho más visibles a partir de 2027, requieren una comprensión profunda y una verdadera metanoia educativa.
Entiendo la metanoia educativa como una transformación consciente y profunda de la manera de comprender, sentir y actuar, que surge cuando los miembros de una institución revisan sus creencias, prácticas y perspectivas en torno a la praxis educativa y construyen nuevas formas de relacionarse consigo mismos, con los demás y con el mundo.
No se trata simplemente de cambiar procedimientos. Se trata de cambiar la manera en que entendemos nuestra responsabilidad como educadores y como comunidad educativa.
John D. Rockefeller decía: “El éxito se levanta sobre la práctica, la adversidad y la capacidad de valorar a quienes nos rodean”.
Y quizá esa sea una buena manera de comprender el desafío que tenemos por delante.
El éxito de la GABO no depende exclusivamente de sus resultados académicos, de sus instalaciones, de sus proyectos o de su reconocimiento externo.
El éxito de la GABO está, fundamentalmente, en nuestras manos.
Hasta hoy, durante estos primeros 30 años de historia, hemos sido reconocidos como la mejor institución educativa oficial de la ciudad.
El reto ahora no es solamente conservar ese reconocimiento y mejorar aún más. El reto es merecerlo cada día. Y tengo la convicción de que así será.
Los próximos 30 años de la GABO apenas comienzan.
Álvaro Posse
Rector Institución Educativa GABO
4 de octubre de 2026




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